*La mayor parte de las páginas están empapadas y son ilegibles.*
A estas alturas, no me cabe la menor duda de que este bosque está encantado o, de que, al menos, algo me está siguiendo. Debería haber prestado atención cuando me dijeron que no viniera, que era un reto demasiado imponente incluso para un cazador de mi reputación. Sin embargo, el verdadero tormento aquí aún no ha dado la cara. Siento su respiración en sincronía con el bosque, haciendo coincidir sus pasos con los latidos de mi corazón. Sé que es absurdo, pero no dejo de mirar por encima del hombro, por si acaso. Sé que puede verme.
Me largo de aquí para no volver. Acabe o no de una pieza, espero no volver a ver este bosque embrujado. No puedo soportar la idea de leer y revivir esos recuerdos inmortalizados, nunca jamás, pero destruirlos tampoco me parece bien. Deberían quedarse en la tierra que los ha provocado..., lejos de cualquier mirada viva. Pero ¿dónde esconderlos para que no haya alma, mortal o inmortal, que lea mis horrores?
¡Pues claro! ¡Detrás de una cascada! A nadie se le ocurriría mirar ahí.