Informe de campo—Día 19
Tras dos semanas en el mar, por fin logramos arribar a Castora. Maldita sea, casi pierdo la vida en el Martingala con el tribuno de Sangre. No sé por qué pensaba que estaría más a salvo con alguien sin experiencia al mando que con corsarios experimentados.
Pero ¿ahora? Tengo las zarpas en tierra firme. Y vaya si lo agradezco.
Hasta ahora, mi labor de vigilancia de las costas interiores y exteriores ha sido... iluminadora. No he visto gran cosa que pueda ser de mucha utilidad a las legiones, aunque, con los diversos grupos de náufragos que hay por aquí, desde luego no me faltan historietas entretenidas. Gente que quiere largarse, gente que se quiere quedar, desvalijadores acosando a vainajardinenses, un extraño culto y la Inquisa.
Guardaré esto en algún lugar seco por ahora y me iré a merodear. A lo mejor me pido una de esas bebidas de frutas del bar. Antes de irme, Malice bromeó con que hacía mucho que no me tomaba un descanso cuando me asignó esta expedición. Supongo que debería hacer algo al respecto...