Isla, Antonie y Zora:
Hola de nuevo, amores. Me parece veros al doblar cada esquina y tras cada roca. Oigo vuestra risa en los confines de mi consciencia, justo fuera de mi alcance. Si pudiera alargar la mano y... Pero siempre os alejáis cada vez que me acerco.
Sois el calor del sol sobre mi piel y la gélida impresión de las aguas profundas, recordándome lo que en su día tuve y mofándose cruelmente por lo que he perdido. Nada cambia nunca en esta isla; seguís resplandeciendo en mi mente como lo hacíais el último día que os vi. No soy capaz de decidir qué es peor: que permanezcáis congelados en mi recuerdo tal y como estabais por siempre jamás o que cambiéis y envejezcáis mientras yo sigo aquí, contemplando el incansable oleaje.
Cuídalos por mí, Isla.
Vuestro por siempre, allá donde la niebla me lleve,
Nathaniel