Día 1
Sí, a lo mejor estamos todos condenados como dicen, pero no pensamos aceptar que nuestro destino está aquí. La cosa es que improvisar algo que flote no es problema; toda la costa está plagada de naufragios, después de todo. ¡Tenemos todas las piezas que podamos querer! De lo que no andamos tan sobrados es de vidas...
Día 23
Por fin soplan vientos favorables. Rocc ha logrado hacerse con una embarcación (aunque a lo mejor es un poco optimista calificarla como tal; es más bien una balsa con una vela, en mi modesta opinión) en la bahía, más lejos de lo que me alcanzaba la vista sin catalejo. Pensé que no iba a volver a verlo hasta que apareció en la taberna, con la ropa empapada y hecha jirones. Decía que le había tocado bregar con un temporal un poco más allá de la zona visible desde la costa, y tuvo que huir de un tiburón hasta llegar a la playa.
Día 51
Unas cuantas pruebas más por la costa, todas con éxito. Pero cuando nos dirigimos hacia el este un poco, siempre pasa algo: que si plaga de cangrejos, que si mal tiempo, que si bruma espesa... ¡De todo! La embarcación aguanta, eso sí. Es ahora o nunca. Rocc y yo lo vamos a intentar. Nuestras vidas están en la zona continental, no en este minúsculo trozo de arena. Nos iremos a casa con nuestras familias o moriremos en el intento.
Día 52
Soy Rocc. No sé qué escribir. Paldius era de escribir, yo no. No ha sobrevivido. La bruma era densa como puré. Los cangrejos nos invadieron. No podía ni verme las manos delante de la cara. Cuando salimos de aquella bruma —avanzando hacia el oeste, no sé cómo— Pal era historia. Llevé como pude lo que quedaba de la embarcación a casa.
Me rindo. No puedo seguir con esto. Ni escribir ni navegar. Es hora de admitir que no vamos a salir de aquí. No voy a salir de aquí.
Hasta siempre, camarada.