Cuando estás entrenando a un joven cazador, nunca debes ponerle la presa demasiado a tiro ni hacer que la caza sea muy sencilla. No deben aprender que cazan solo por la recompensa, para cobrarse un premio, pues en tal caso recurrirán a cualquier medio disponible, deshonrándose en el proceso. Lo mejor es darle tiempo para permitirle fracasar y seguir la senda equivocada para que sienta la dicha de redescubrir huellas, y dejar que falle su primera flecha para que sienta la motivación necesaria para no errar con la segunda. La esencia de la caza, como ocurre con todo, está en el proceso, en anhelar ser mejor. La verdadera presa es uno mismo, y esa caza no tiene fin.