Por fin nos hemos asentado en Bava Nisos. Aunque el viaje hasta aquí ha demostrado ser una prueba de tenacidad, el cambio de panorama es un bálsamo para mí y venero este sagrado terreno en el que en su día estuvo el propio Saul.
Ulrich y Tatyanna, en cambio, parecen únicamente preocupados por sus apetencias corporales, temiendo la escasez de alimentos. El hambre es una vieja conocida para mí, pues he pasado largas épocas de mi juventud padeciendo punzadas en el estómago de no comer. Incluso después de unirme al Manto Blanco, seguí practicando el ayuno como ejercicio de autodisciplina, una práctica que ahora agradezco especialmente.
Vivir con carencias es una lección que muchos de los nuestros harían bien en aprender, nuestro actual "líder" incluido. Aunque nunca se atrevió a decírmelo a la cara, percibía la irritación de Caudecus ante mi reticencia a preparar comidas con animales. Confundía principios con debilidad; que tenía "poco estómago" para la caza, decía. Yo podría acusarlo de lo mismo, un poco cambiado: su estómago no es ni mucho menos su mayor debilidad.
Pero eso no ha de inquietar a nadie mientras Caudecus no vuelva. Conociendo su historial de cobardía, no entiendo que los demás esperen que conteste a sus cartas, ni menos aún que aguarden su pródigo regreso. ¿Y qué más da eso? Nosotros hemos sido quienes hemos capeado el peregrinaje, quienes recorremos realmente la senda de Saul. Una gloria que Caudecus desconoce y algo que sospecho que es tal y como el destino dicta. En todo caso, Ulrich se ha tomado nuestro descubrimiento de Bava Nisos como una prueba de la justa autoridad de Caudecus.
Comienzo el nuevo capítulo de este viaje con una oración escrita por mí. Cuando afronte dificultades terrenales, ojalá me haga recordar mi consagración a conocer lo inextricable y a ver todo lo oculto:
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Portadores de sabiduría,
otorgadme la llama eterna
de la luz oculta,
para que pueda empuñarla
contra el vacuo aliento del inconformismo
y portar su fulgor
a los pocos elegidos
para ser testigos.
Que el pago por gozar de sus dones
no sea que arda nuestra carne,
sino que se ilumine nuestra alma.
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