Ya está.
Hemos purgado este lugar de incrédulos. Hasta el último infiel... es historia. Ya solo quedamos tres... Ulrich, Judge y yo. No ha sido fácil... Algunos de los que han sucumbido eran amigos. Antaño.
Pero se negaron a aceptar nuestra visión. Querían renunciar a nuestra misión. Dudaban de la voluntad imperecedera de Caudecus, después del noble sacrificio que hizo por nosotros. Han conocido el castigo por su abyecta traición. Por su falta de lealtad. Y ahora, tú que lees sobre nuestra causa conoces el precio de recelar.
Con este diario, dejo la insignia que gané superando mi prueba, junto con los demás en mi cohorte de iniciados. Para acompañarla..., otra sorpresa, por si alguno de nuestros antiguos aliados tratase de buscarnos en este lugar que, en su día, consideramos un santuario.
Las viejas costumbres ya son historia. Nosotros tres seguiremos adelante para trazar el futuro del Manto Blanco. Cuando regresemos, será que el precio de ese futuro se ha pagado con nuestra sangre. Vendremos con fuego purificador.
Que esto sirva como advertencia.