Guild Wars 2 Base de datos

Entrada 1: Los centinelas de jade han llevado a mi captura al presidio situado junto al Lago Dorado. El prisionero, tal y como era de esperar, es más resistente a los métodos de tortura estándar, físicos y arcanos. Los videntes gozan de por sí de un nivel de destreza frustrante y tienen un don para la transmutación mágica, pero este espécimen se ha sometido a algo único. Me parece absurdo agotarme recurriendo a métodos más arduos; la agonía espectral resultaría letal dado el estado actual de mi víctima, y no puedo obtener la información que necesito si muere. Yagon, imagino, no estaría de acuerdo, si siguiera viva para sermonearme por cada decisión. Entrada 2: Todo intento por sonsacarle al prisionero el paradero de videntes que puedan quedar con vida ha resultado inútil hasta el momento. Tras siglos de guerra, sabemos que algunos videntes pueden conectar con acumulaciones de poder increíbles, tal vez directamente con la propia Tyria. Si pudiera descubrir esos secretos, abrirnos las puertas a esa clase de poder, podríamos realmente apoderarnos de este mundo, dominar a los dragones ancianos y dejar atrás el recuerdo de Nayos. Entrada 3: El prisionero ha pasado bastante tiempo lúcido hoy; no ha habido desmayos en ninguna de las sesiones. Ahora sé su nombre, "Mazeo", y los de los hermanos que ha perdido. Uno en el valle y otro, una hermana mayor, a causa de una enfermedad, hace mucho tiempo. De lo que no tengo ni la menor idea es de su procedencia, a pesar de mis métodos. Está empezando a poner a prueba los límites de mi paciencia. Entrada 4: Ayer comenzó a tararear entre sesiones. A cantar, incluso. Los mismos cuatro versos repetidos durante días, sin fin. No sé muy bien cómo interpretar su comportamiento. A lo mejor no es más que un intento de provocarme o irritarme. "Alba cerúlea, la calidez de una sonrisa. Palmeras arenosas, no tengo prisa. Girando y tejiendo, nuestra magia es profunda. Atardecer de bronce, el bosque paz rezuma". Cierto es que resulta de agradecer, respecto a sus gritos habituales. Entrada 5: Han pasado semanas. Y no ha cesado el cántico. Mi ayudante me ha pedido quedarse con su cadáver cuando yo "inevitablemente me harte". Se cree capaz de sacarle a sus restos mortales lo que yo no he podido en vida. ¡Qué exquisita arrogancia la suya, con semejante sugerencia! En todo caso, pienso proseguir.