Días aciagos. Días condenados...
Los lustrosos que han cruzado el velo han desarrollado inmunidad al veneno de la puerta, pero los sin lustre son vulnerables. Van enfermando con el paso de los días..., de las horas incluso... ¡Han caído en las garras de la locura! ¡Nuestros hijos!
Otho ya se ha marchado de la ciudad, sospecho que para proteger a su prole, y nos ha dejado a Manikaz y a mí con nuestras labores. Y el archiintendente no suelta prenda. Lo cierto es que yo no me veo con muchas ganas de perseverar, y el Fenómeno Sangre nunca abandona su laboratorio. Lo huelo desde la biblioteca.
¿Traer la puerta aquí fue un acto de desesperación? ¿Hubo alguna vez esperanza para nosotros? ¿Es imposible evitar la profecía?