Komalie podría perfectamente caer y, en tal caso, Bava Nisos la seguiría. Vendrán a por nosotros.
La mitad de nuestros efectivos han sucumbido ya a la enfermedad o la furia provocada por la maldición del veneno, incluso aquellos que pensábamos que lo toleraban. Día tras día, desde que Otho regresó con la puerta, su energía sobrenatural ha ido invadiendo cada rincón y cada mente. Los muertos ya casi superan a los vivos.
Todos nuestros hijos, todos los sin lustre... se han ido. Todos. Para siempre.
Y luego está Manikaz. En su absoluta desesperación, se ha convertido en un ser cegado por la pura sed de sangre. Ya ha acabado con la ciudad de Gavril; el Manto Blanco nos entregó a toda esa gente. Y ahora recurre a ellos, a nuestros devotos. Toda la sangre para la piedra, aunque se antoje un esfuerzo absolutamente inútil. La puerta no quiere abrirse y la piedra angular está empachada del festín.