Aventurándome en dirección al sur, me mantuve pendiente en busca de algún rastro de la presencia de Mabon. Y, en efecto, poco después, descubrí una llamita flotando junto a una hematites. Como no tenía muy claro cómo proceder, consulté con Tristeza Latente, que me sugirió usar el Corazón de lo Oscuro en la hematites. Su recomendación fue... menos tranquilizadora de lo que me hubiera gustado, pero, pese a todo, decidí dejarme de precauciones y probar suerte.
Sorprendentemente, la interacción se tradujo en... una carta. Extraño, pero preferible a una emboscada espectral o una explosión. La carta hablaba de Manikaz, el desquiciado investigador mursaat cuyo fantasma había tenido el dudoso placer de conocer en el Cráter Sanguino. Al parecer, sus lacayos y él aumentaron los sacrificios de hematites justo antes de que la Puerta de Komalie se abriera. Más vidas cercenadas en vano.
Seguí explorando y di con unas cuantas llamas más, repartidas aquí y allá. Todas parecían ancladas a lugares cercanos a esquirlas de hematites repartidas por la zona. Con ayuda del Corazón, descubrí un texto histórico y, sorprendentemente, los fantasmas de dos víctimas de Manikaz. A juzgar por el profundo terror que los atormentaba incluso ya muertos, puedo imaginar la clase de torturas a las que los sometieron en vida los "Fenómenos Sangre".
Una de las víctimas me facilitó información extremadamente útil. Me señaló el camino al Lago Dorado. Me dijo que Manikaz se había escondido allí en sus últimos días, cuando la ciudad sucumbió. Ahora que ya he puesto al día a Tristeza Latente, pongo rumbo a ese lugar. Aunque, la verdad, no tengo ganas precisamente de toparme con el verdugo en persona.
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