Decidí invertir mi tiempo en explorar el Gran Ateneo. Por estrictos que sean, los mursaat tenían un refinado sentido de la arquitectura, a juzgar por las ruinas. Durante mi visita, encontré unos cuantos tomos históricos de utilidad. Un libro en particular me brindó cierto contexto sobre Yagon y sobre su papel en la creación de la agonía espectral y la aniquilación de la líder de los videntes, Sidony, que fue un factor determinante en el devenir de la guerra. Otro tomo, escrito por otro mursaat, pintaba una imagen especialmente amenazadora de Isgarren. Al haber trabajado con él durante el último par de años, es fácil olvidar que se trata del brujo más poderoso de la historia que conocemos.
Pude satisfacer mi curiosidad y acabar con un par de alimañas en el proceso. Después, la intención era reagruparme con mis aliados, pero fue justo entonces cuando vislumbré por última vez la llama, justo en el momento en el que atravesaba la puerta de Bava Nisos. Hablé con unos cuantos investigadores cercanos que estaban examinando la obstrucción, pero, por desgracia, nadie había visto la llama con total claridad. Mientras aguardaba a mis amigos, no hacía más que imaginarme a la llama provocándome desde el otro lado de la puerta.
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