Guild Wars 2 Base de datos

Me puse en camino de nuevo, esta vez en compañía de Isgarren, Tristeza Latente y Flecha Serena. A pesar de la protección de Isgarren, la agonía espectral comenzaba a pesarnos a Pincho y a mí; no teníamos ni de lejos el nivel de resistencia a la agonía de los brujos. Pero la molestia que eso pudiera suponer enseguida quedó relegada por una nueva preocupación: susurros. Una voz familiar, pero cuyo origen no acertábamos a ver. Su callado eco nos perseguía allá donde fuéramos. Y entonces, como salida de la nada, la llama volvió a aparecer. Esta vez la examiné, aunque no fui capaz de identificarla. Tristeza Latente sugirió usar el Corazón de lo Oscuro. Mi postura era de escepticismo, como poco. Lo cierto es que el Corazón puso todo en marcha. De golpe, nos vimos rodeados de incontables fantasmas de mursaat. ¡Habíamos provocado una emboscada espectral! Hordas de espectros se nos echaron encima. Cuando al fin creíamos que habíamos logrado mermar sus fuerzas, apareció el peor de todos: Yagon. Parecía albergar una especial hostilidad contra Isgarren. Más tarde, él mismo nos contó que esa ira estaba provocada por su muerte durante la guerra entre los videntes y los mursaat..., una muerte de la que Isgarren fue responsable. Los dos estuvieron enzarzados durante todo el combate mientras los demás nos quitábamos de encima al resto de la emboscada. Pero aquella no sería la última sorpresa. Pincho atrajo nuestra atención de vuelta a la llama, que había adoptado la forma de un viejo conocido: Mabon. Comenzó a reproducirse lo que parecía ser un recuerdo suyo. Contemplamos su llegada a Janthir tras la destrucción de los titanes, con un gesto palpable de dolor y frustración. Cuando la visión finalizó, tardamos un poco en romper el silencio que se había hecho ante semejante shock y fue para acordar volver a donde estaba Anise. La revelación fue un duro golpe, especialmente para Tristeza Latente. Al parecer, Isgarren ya sabía a quién pertenecía la voz. ¿Por qué no había dicho nada? En fin, en mi experiencia, lo único más perturbador que los recuerdos de enemigos pasados son los de amistades pasadas.