Puse rumbo al norte para iniciar mi búsqueda. Todo a mi alrededor parecía desplomarse, como vencido por el peso de lo aciago y de la pena. La desolación se extendía por doquier, salpicada solo ocasionalmente por algún retazo de flora o fauna.
Explorar e indagar durante un tiempo aparentemente infinito no arrojó resultado alguno. Justo cuando estaba pensando cómo comunicar tan decepcionante resultado a Anise, lo vi: una llamita resplandeciente. O, al menos, no se me ocurre mejor forma de describir aquello. Me puse en contacto con la condesa, entusiasmado[f:"entusiasmada"] con la perspectiva de poder por fin contarle algo de interés. Me propuse investigar la llama más de cerca, pero Anise me advirtió que no siguiese a una entidad no identificada a territorios desconocidos. Siempre tan juiciosa.
Ahora me dispongo a reunirme de nuevo con el grupo, con ganas de volver a seguirle la pista al misterioso duendecillo.
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