Mi hermana iluminada por las estrellas:
Quiero darte las gracias por animarme a participar en las festividades de la víspera de la batalla que organiza la garra Aliso. Siempre he disfrutado de mi labor de diplomático, sea en los espacios ajardinados del palacio de la reina en Linde de la Divinidad o en las prósperas costas de Orr en compañía de su espectral realeza.
Respecto a lo que me cuentas en tu última carta, me alegra saber de tu progreso en la búsqueda de una cura para nuestra Madre Pálida; ese pálpito que te alentó a buscar a la tal Tristeza Latente parece haber dado fruto. Hará falta tiempo para investigar y avanzar por esas líneas, pero la búsqueda ha comenzado a estrecharse.
Conoces de sobra el imperativo de la discreción, así que, por ahora, te pido que guardes para ti esos avances para evitar que haya (como se dice en las tierras bajas) demasiados chefs a los fuegos.
Tu hermano,
Dagonet