Tras cruzar el portal, llegamos adonde Dagda. Estaba situada muy cerca de otro gran claro en lo alto de la montaña. Decima se encontraba un poco más adelante.
Cuando entramos, la voz enfurecida de Decima retumbó por toda la montaña. Su hermano había muerto y el combate que se avecinaba parecía inclemente. Aunque estaba también debilitada, sus feroces tormentas seguían arreciando. Para mi sorpresa, la voz de Pincho resonó con fuerza contra la de la titánide. Hizo acopio de todo el desprecio y la miseria que sentía por lo que los titanes habían infligido a su gente y todos seguimos la estela de su carga. Decima, sabiendo que era el final, bramó que se reuniría con su hermano en las llamas. Y así fue como sucumbió la Invocatormentas.
A pesar de nuestra victoria y el creciente optimismo, el grupo estaba al límite de sus fuerzas; solo Dagda y yo podíamos afrontar otro combate. Valle Espinado se ofreció voluntaria para velar por Aliso Estoico y el resto mientas Dagda y yo avanzábamos hacia Tristeza Latente y Ura.
Ya quedaba poco para exterminar la plaga de Janthir.