Guild Wars 2 Base de datos

Dagda y yo alcanzamos a Tristeza Latente cerca de la cima de la montaña. Dejando a un lado un enorme fragmento de hematites, parecía un lugar sospechosamente vacío. Ni que decir tiene que no nos íbamos a dejar engañar por las argucias de la titánide. Aunque Greer y Decima ya hubieran sucumbido, aún debíamos enfrentarnos a la mismísima Ura. Toqué la hematites en un intento por atraer su atención y, como esperaba, hizo acto de presencia bramando. Por fin daba la cara la imperatrix de los titanes. Era alta, con una robusta carcasa exterior mucho más resistente y fortificada que la de Greer y Decima. Vapores sulfurosos y un humo tóxico brotaban de las fracturas de su armadura, asaltando nuestro sentido del olfato; incluso los brujos se antojaban insignificantes en su presencia. Pero no sobraba tiempo para quedarnos observando. Ura olió el rastro de los cadáveres de Greer y Decima en nuestros atuendos y eso la hizo enfurecer. Nos atacó con todo su poderío, llenando la arena de géiseres explosivos que amenazaban con fundir nuestra carne y nuestros huesos. Yo me dispuse a neutralizar las esquirlas de hematites activas con el Corazón de lo Oscuro y pudimos taponar los géiseres con los fragmentos más agotados. Eso nos dio suficiente margen como para montar a lomos de nuestras criaturas errantes y tratar de despojarla así de su armadura. Tras unas cuantas rondas de desbaratar los intentos de Ura por conquistar la arena, tuvimos a la bestia acorralada. Con sus semejantes derrotados, nuestra adversaria estaba cada vez más cerca de sucumbir y, según mermaba su poder, al fin tocamos tierra para asestar el golpe de gracia. Ura estaba acabada. Justo cuando empezábamos a saborear la victoria, Ura pronunció unas palabras que destruyeron cualquier sensación de seguridad: "Pues la puerta por la que vinimos sigue abierta". Murió regocijándose de nuestra ignorancia, sabiendo que quedaba un secreto desconocido cual escollo en nuestro camino. ¿A qué puerta se referiría? A pesar de la victoria, nos quedamos sin habla. No sabíamos cómo encajar la ambigüedad de las últimas palabras de Ura. Mientras Tristeza Latente y Dagda volvían para reunirse con nuestros agotados aliados en la aldea, yo decidí quedarme en lo alto del Monte Balrior unos instantes más. Permanecí junto al cadáver de Ura, reflexionando sobre todo lo que nos había acontecido hasta acabar en ese lugar. Aunque los tres ya sean historia, sigo sin respuestas a algunas preguntas. ¿De dónde proceden? ¿Qué los impulsó a venir? ¿Y qué tiene todo eso que ver con la puerta que Ura mencionó? Hasta que no tenga explicación para todo, no dormiré a gusto. ***