*"Camaradas, no temáis..., pues hay pantomimas destinadas a acabar. Mientras servimos a Tyria con nuestra magia de espejismos, despiste e incluso manipulación del tiempo, no puedo limitarme a seguir como hasta ahora, no sin compartir esta verdad, mi yo más veraz. Vuestra compañía es más valiosa para mí que cualquier secreto que quiera guardarme. Mi nombre es Mabon; soy mursaat". *Mabon, anteriormente "Obryn", quinto velo, dirigiéndose a los consejos interior y exterior.*
Todos tenemos secretos. Yo era una cara nueva en el consejo interno y reciente padre; mi hijo aún era un bebé tambaleándose ante la protectora mirada de la Osa. Los velos de ambos consejos e incluso los miembros más afines de la Mortaja recelaban de que el quinto velo del colectivo, uno de sus fundadores, se hubiese pasado más de un siglo participando desde la distancia. Algunos de nosotros, yo entre ellos, no conocíamos a los mursaat ni su historia. Seeta Losthour, tercer velo, y yo fuimos los primeros en hablar con Mabon tras las deliberaciones de los consejos; de si debía permanecer en el consejo interior, y mucho menos en el colectivo. Quise volverme a presentar, ofrecerle una bebida o diez en el Bar de la Musa. Yo pagaba. Aceptó, tal vez meramente por culpa, pero le aseguré que estaba entre amigos. Y que aún lo está.
Al cabo de unas cuantas consumiciones, Mabon se mostraba tan generoso con nuestras preguntas como yo suponía. Estaba claro que tenía lealtades más allá del colectivo, como muchos de nosotros. Le agobiaba cierto viaje al norte, a Janthir, en concreto a las ruinas de una antigua ciudad mursaat. Dijo que era una penitencia por el pasado, una promesa realizada "de un antiguo monstruo a otro".