Guild Wars 2 Base de datos

***Este libro de historias desgastado parece escrito y decorado por un cachorro. Una pequeña huella de pata adorna la portada.*** Había una vez una cabaña tranquila y abandonada en los confines de la Guarida de la Cosecha. Pero esta cabaña era diferente a las demás. ¡Tenía patas! Eran largas como las de una garza y fuertes como las de la criatura errante más rápida de la carrera. Pero las patas no eran lo único que hacía especial a esta cabaña. ¡También roncaba! A todo volumen, durante toda la noche. Algunos osunos vecinos se quejaban asegurando que la cabaña no les dejaba pegar ojo. Entre sus atronadores ronquidos y las toses de humo que soltaba por la chimenea, ¡los osunos de la aldea estaban hasta el gorro de ruidos! Una mañana, los vecinos llamaron a la puerta de la cabaña. O, al menos, eso intentaron... ¡Pero la cabaña se puso de pie sobre sus patas y se alzó a tal altura que nadie podía llegar a la escalera de la entrada! Unos cuantos osunos intentaron trepar por las patas, pero la cabaña tenía muchísimas cosquillas. Se sacudía con tanta fuerza de la risa que los osunos apenas podían avanzar unos cuantos zarpazos de altura sin caerse. Entonces, a los osunos se les ocurrió otra idea. Lanzaron piedras a la puerta de la cabaña, tratando de hacer el mismo ruido que cuando llamaban a la puerta. Así parecían captar su atención, ¡hasta que una piedra falló y, por accidente, rompió la ventana de la casita! "¡Ay!", gritó la cabaña, mientras los cristales rotos caían al suelo como lágrimas. Los osunos se disculparon, pero era demasiado tarde. Furiosa, la casa fue echando chispas y pisoteando todos los parterres y jardines que pilló de camino. Durante muchas lunas, ningún osuno de la aldea supo dónde se había metido la casa. Algunos aseguraban haberla visto en la ciénaga, pero nadie reunió el coraje necesario para ir a comprobarlo. Lo cierto era que la cabaña había encontrado un lugar secreto cerca de los confines de la ciénaga, donde nadie pudiera causarle ningún problema. Hasta que... un día, una extraña mujer apareció en la escalera de entrada de la cabaña. Cómo había conseguido subir hasta ahí era algo que ni la propia casa tenía claro. "Pobrecilla", dijo, con una voz de pena un poco forzada. "Esos osunos malos pueden ser la mar de crueles", murmuró. ¡Y, con un extraño despliegue de gestos peculiares y sonidos bruscos, arregló la ventana de la cabaña! La cabaña se quedó impactada. Y confusa. Pero, ante todo, se sentía feliz. Aunque lo de la ventana rota hubiese sido un accidente, lo cierto es que la cabaña no se había sentido tan querida desde que su constructor la abandonara hace muchísimo tiempo. Con una tremenda ráfaga de aire cálido y polvoriento, la cabaña abrió sus puertas, dando la bienvenida a la mujer a su interior. "Un poco polvorienta, pero... me vendrás de maravilla para lo que necesito en la ciénaga. Sí, de maravilla". Esbozó una amarga sonrisa y cerró la puerta tras de ella con una suavidad sorprendente. A partir de ese momento, iba a menudo a acomodarse a la casa. En cada visita, la cabaña la invitaba a pasar con un agradable fuego en la chimenea y la cálida luz de las llamas. Y, desde allí, ella miraba perezosamente por la ventana en busca de osunos infelices que se hubieran perdido merodeando por el bosque, solos. ***Al final de la historia, una nota de escritura mucho más clara reza: "¡Estremecedora y creativa! Buena historia, Pincho. ¡Tan imaginativo como siempre!".