Diario del primer oficial Eldan, 1100 d. É.
Hoy desembarcamos para cambiar de aires, órdenes del jefe. Pensaba que a lo mejor daríamos con algo que saquear por aquí, algo con lo que poder comerciar en otro lugar de Tyria. Debemos de andar con la suerte torcida aún, no obstante, porque aquí no hay nada. Nada que nos haga compañía excepto el rumor de las hojas y el parloteo de los animales, así es. Cualquier otra cosa probablemente esté demasiado adentrada en tierra para que podamos alcanzarla.
La rodilla de Ned volvió a dar guerra mientras buscábamos, lo que suele significar que se aproxima una tormenta. El jefe decidió que esperáramos al abrigo de la oscuridad para marcharnos, así que, una vez cancelada la búsqueda, nos sentamos en la playa a empinar el codo. La puesta de sol fue una preciosidad con todos esos tonos naranjas y rojos, acompañados de pequeñas nubes rosas flotando. Con la brisa atusándonos el pelo y los pájaros trinando mientras disfrutábamos de unos buenos tragos, es lo más cerca del paraíso que me he sentido en muchos años.
Ojalá Janthir sea siempre un lugar de descanso.