Excesivamente envalentonada para ser una curandera de las Picosescalofriantes, Aurora Apagada plantó cara al titán. Se hacía llamar Greer, y no había nada en nosotros que le resultara amenazador.
Aurora le dijo a Pincho que huyera, pero el chaval se negó. Nos lanzamos a la lucha en un intento desesperado por preservar la vida del muchacho. Aurora mantenía la cabeza sorprendentemente fría, dadas las circunstancias. Inmediatamente buscó una solución para imponerse a la podredumbre de Greer, que se extendía a toda velocidad: semillas imbuidas de magia. Aurora nos ordenó matar a los siervos de Greer para poder limpiar la arena de su retorcida y purulenta magia.
Cuando pensábamos que las tornas giraban en nuestro favor, Greer volvió su atención a Pincho. Antes de que el titán pudiera atacar, Aurora se interpuso entre ellos. Y, justo en ese momento, su fachada al fin se vino abajo. Tras conjurar un hechizo que excedía con mucho las capacidades de una humilde curandera de las Picosescalofriantes, quedó claro como el agua: teníamos ante nosotros a Tristeza Latente. Supo detener el ataque de Greer con facilidad.
Desvelada la magnitud de sus poderes, superar a Greer fue tarea sencilla. Pero todas las miradas se volvieron a la bruja desaparecida. Pincho estaba muy afectado; su mentora le había mentido, y otra faceta de su antigua y cómoda realidad se veía sacudida. Me dijo que tenía que darse un paseo para reflexionar, así que se ha ido a un campamento de investigación con esa intención.
Ya sin miedo a que Pincho nos escuchara, le pedí explicaciones a Tristeza Latente. Más allá de establecer vínculos diplomáticos con los habitantes de las tierras bajas, dar con ella era mi siguiente prioridad. Era poderosa, sin duda, pero no la intimidante fugitiva que me habían pintado. ¿Otra fantasía melodramática de Isgarren, quizás? Su principal preocupación era Pincho y luego los titanes. Caithe y Malice, que se mantenían tan incondicionales como cabría esperar, la atosigaron con más preguntas: ¿hay más? ¿Estamos a salvo? Tristeza Latente era vaga en sus respuestas, asegurando que un repunte en las pavesas de Niebla —energías que radiaban de la Niebla— estaba produciendo perturbaciones antinaturales en la isla. Me preguntó si tenía intención de detenerla, pero si verdaderamente hay un titán rondando por la isla, ella puede ser justo la aliada que necesitamos para deshacernos de semejante enemigo, visto que ya nos ha ayudado con uno. Ocultar su identidad a los kodan podría resultar un desafío más complejo, dada la reticencia de esta gente a la magia, pero al menos la mayoría del Resguardo Astral no sería capaz de reconocerla. Después de todo, había mantenido su identidad en secreto todo este tiempo.
Pese a la tensión reinante, Caithe y Malice han afrontado la revelación de Tristeza Latente con curiosidad; lo de no inmutarse ante los secretos es cosa de superespías. Mientras digieren las nuevas, voy a ver si puedo localizar a Pincho, por saber qué tal anda. Al chaval le ha pasado de todo y no deberíamos dejarle solo en un lugar así.