Tras sofocar las amenazas, nos adentramos más en el bosque. Captamos una señal del Resguardo Astral, una llamada de socorro. Un par de exploradores del Resguardo estaban recibiendo el ataque de algo, y ese algo sonaba grande. Seguimos su rastro, defendiéndonos de las criaturas atacantes mientras nos abríamos paso entre los árboles.
Cuando al fin llegamos donde se encontraban los dos miembros del Resguardo Astral, estaban luchando por su vida contra una extraña bestia. ¿Una garrabélica, quizá? No creía que hubieran podido abandonar la Niebla.
Antes de que pudiéramos causar mella alguna en la bestia, una partida de caza kodan se lanzó al combate. Los aliados que habíamos estado buscando vinieron así a nosotros. Su líder nos hizo una señal para que nos detuviéramos, indicándonos cómo calmar a la bestia de otro modo. Nos hizo entrega de un ungüento con ese fin y, para nuestra sorpresa, funcionó.
Cuando todo en el claro se hubo apaciguado y la bestia estaba en calma, la habitante de las tierras bajas inspeccionó a los dos miembros del Resguardo Astral. Con cautela, se presentó con el nombre de Valle Espinado y se ofreció a guiarnos hasta su aldea antes de que anocheciera; el bosque se tornaba en un lugar aún más peligroso, una vez se ocultaba el sol.
Sus subordinados silenciosa y cuidadosamente velaban por nosotros mientras partíamos rumbo a la aldea.
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