Guild Wars 2 Base de datos

La primera cumbre de la Alianza se celebró en la sede de la Iniciativa. Malice y la condesa Anise estaban en la puerta, semiasfixiadas por la abrumadora atmósfera burocrática. Bueno, Malice estaba tan inquieta como un cachorro charr antes de una lucha de entrenamiento. A la condesa, en cambio, se la veía totalmente en su salsa. Rodeada de grandes nombres y, probablemente, hasta emocionada por la perspectiva de poder dejarlo todo y defender a la reina Jennah, en caso de que se lanzara alguna daga (una de las de verdad, no un vituperio político). Creo, que en esta ocasión, estoy con Malice. Antes de que la cosa comenzase, Anise me animó a mezclarme con el resto de invitados. Hice la ronda, yendo de un lado a otro. Aparte de durante los preparativos de guerra, no había visto a nadie apostar así por la diplomacia desde la cumbre mundial, y eso acabó con un ataque de dragones. Aunque debo mantener un cierto grado de cautela, admito que el esfuerzo desplegado es impresionante. Aunque la actual delegación solo representa una mera huella en el mundo, tenemos ante nosotros representación de Cantha, Elona, Maguuma, Kryta y Ascalon. Hasta el Dominio de los Vientos mandó a alguien para tomar notas. Sin duda, esta congregación despertará todo tipo de oposiciones, pero viéndonos intentar encontrar la solución..., parece el momento adecuado de lanzarse a probar suerte. Cuando las cosas se pusieron finalmente en marcha, el ambiente reinante se tornó un tanto tenso y tácito. Los kryptis son quienes nos han unido, después de todo y, dada la incertidumbre que rodea esas circunstancias, no puedo echar en cara a nadie que muestre una actitud rígida. Skarti y Dagonet hablaron de sanación en Hoelbrak y la Arboleda —los efectos que perduraban de Mordremoth, Jormag y Primordus en los sylvari y los norn. Ludo habló de obligar a Rata Sum a participar en la conversación global. Crecia nos puso al día del juicio de Bangar y del creciente clamor por coronar a un nuevo Khan-Ur. La emperatriz Ihn, de la integración de Cantha. El mundo no solo se resistía a detenerse, sino que se habían acometido progresos nada desdeñables. La reina Jennah fue la última en intervenir. Habló de nuestro mutuo sufrimiento bajo el yugo de las garras de los dragones ancianos y de cómo ese sufrimiento nos había acercado a la paz con la formación de la Alianza. Luego tornó su atención a los ataques demoníacos en sí, por haber sido el elemento catalizador que finalmente había puesto las cosas en marcha. Skarti, Dagonet y Ludo, por su parte, metieron baza con detalles sobre los ataques que sus ciudades habían soportado. Jennah expresó sus remordimientos, afirmando que no debía darse por buena ninguna muerte. Y entonces... Bueno, no me equivocaba conteniendo la respiración: Jennah reveló el nombre de los kryptis y, mientras la estancia se agitaba presa del miedo y la confusión, Isgarren apareció con el gesto más grandioso que un anciano podría tener. La existencia del Resguardo Astral, para bien o para mal, quedó desvelada al resto de Tyria. Frode entró un poco después, algo irritado con la pomposa escenografía del brujo. Viendo que la cosa no se calmaba, me ofrecí a hablar con los otros delegados e intentar templar los ánimos. Crecia, exhausta de toda la puesta en escena, se mostró de acuerdo. Según recorría la estancia, las reacciones de los aliados ante Isgarren iban de cautas a airadas. Tienen muchas preguntas. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no habían ayudado antes? No me importaría escuchar a Isgarren contestar unas cuantas... Una vez enfriados los ánimos, la cumbre se recompuso. Isgarren y Frode —pero sobre todo Frode— intentaron responder las preguntas del grupo y ofrecer empatía ante la comprensible consternación reinante. Explicaron que ya habían lidiado con los kryptis, a excepción de unos cuantos huevos podridos que podrían colarse de cuando en cuando. Pusieron cuidado en omitir algunos de los detalles más crudos. Y probablemente fuera para bien; no tengo muy claro el grado de aceptación que tendría Peitha para el resto del consejo. O que hubiésemos ayudado a un ente demoníaco a reclamar su corona. Isgarren advirtió de que los kryptis son un presagio y que tenemos ante nuestros ojos un mundo muy diferente tras la muerte de Soo-Won. El velo entre Tyria y la Niebla nunca ha sido tan fino, y es necesario prepararse para lo que pueda estar por venir. Somos, como ya he oído en múltiples ocasiones, sangre en el agua. La reina Jennah sugirió que todos nos tomásemos un instante para reflexionar y tal vez reunirnos en corrillos más reducidos con el objetivo de hablar de lo acontecido en el día y centrarnos en la senda que se abría ante nosotros. Isgarren se ofreció a hablar también de forma individual con cada uno para poder tratar de contestar cualquier interrogante que pudieran albergar. Las tensiones, aunque aún palpables, se disiparon un poco. Cuando el grupo se disolvió, Crecia me invitó a acercarme a la chimenea donde tanto ella como la reina Jennah, Dagonet, Isgarren y sus escoltas se habían quedado. Dagonet lanzó inmediatamente la pelota al tejado de la reina: ¿cómo se había enterado ella de todo esto? Anise, cómo no, tuvo su papel en eso. Ya lo comentaré más adelante, a ver si me acuerdo. Isgarren reiteró la discusión con un grupo de mayor tamaño, avisando de que todas las naciones debían estar preparadas para cualquier amenaza adicional surgida de la Niebla. Los kryptis no eran más que una de muchas y, cualquier cosa que se hubiese alejado de Tyria cuando los dragones ancianos tenían el monopolio, ahora no temería tanto echar un ojo a la situación. A pesar de mi fe en ella, Aurene por sí misma no impone tanto como el panteón al completo de los dragones ancianos en su día. Sugerían que nos preparásemos. Que hiciésemos acopio de aliados y amistades. Eso era algo en lo que todos podíamos estar de acuerdo. A modo de rama de olivo, Frode extendió cierta información sobre los kodan de las tierras bajas —una apartada colonia que vivía cerca de la frontera entre Kryta y Janthir. La reina Jennah apenas había oído hablar de ellos, aunque destacó que su padre podría haber mantenido algún contacto en el pasado. Pero, en un tiempo en el que los aliados son oro, un liderazgo estratégico sigue siendo un liderazgo, y Jennah estuvo de acuerdo en que recurrir a ellos podría ser productivo para la alianza, dado el estado de las cosas. Frode sugirió que me uniese yo también como representante del Resguardo Astral y de la propia Tyria. Malice, como emisaria encargada de recopilar información, se ofreció a venir conmigo. Y así fue como mi misión cobró forma. Janthir. Un lugar peligroso. Me acuerdo de Caudecus, el Manto Blanco... Los mursaat. Varias leyendas que podrían agriar un vaso de leche de dolyak. Y acepté la oferta para liderar la marcha. No puedo decir que no albergue cierto escepticismo ante esta misión. ¿Viajar a uno de los territorios menos cartografiados de la Tyria accesible para forjar lazos con una colonia kodan aislada? Aún ando equilibrando mis expectativas, pero le reconozco una cosa a Isgarren: no pensaba que fuera a desvelar la existencia del Resguardo Astral tan pronto, aunque las circunstancias exijan ahora un poco de aprensión. Es mejor que la gente esté al corriente, y me alegro de haber aligerado ese peso de mis hombros. También es cierto que a lo mejor una excursión por parajes naturales es justo lo que necesito. Ejercer una dosis de diplomacia más allá de las necesidades de la guerra me hace sentir de nuevo comandante.