La flor y nata de Linde de la Divinidad y otras personalidades notables han sacado a colación cierto tema: ahora que la amenaza de los dragones es historia, asumiendo que Aurene siga de buenas y no se corrompa, ¿qué debería hacerse con la península de Orr? Gracias a los esfuerzos del Pacto (dirigidos por el Priorato, conste en acta), con ayuda de los sylvari y de los espíritus benévolos que habitan en las ruinas, la vida está volviendo lentamente a la costa. Quizá, con ayuda del Resguardo Astral, podría cruzarse la línea y convertirla en un hogar viable.
El problema ahora es quién se apoderará de la tierra. Los humanos, como siempre, aducen que se trata de territorio estrictamente suyo y que siempre lo ha sido, mientras que el Pacto reclama su propiedad, como si ellos fueran quienes han derramado sangre para recobrarlo. No son pocos los que creen que debería considerarse una extensión de Arco del León propiamente dicho, un reino multirracial sin parangón en lo conocido hasta la fecha. Con todo, los espíritus que viven allí reclaman que aquello es suyo, independientemente de quién o qué asome por allí para echar una mano. He recomendado a la Alianza solucionar este desaguisado antes de que el ánimo cooperativo empiece a flaquear.