Séptimo día de la estación de las tormentas, anochecer
Llevaba un montón de fruta encima antes cuando me topé con un cachorro perdido, sí. ¡Aquí, en plena isla! Jadeaba intensamente y tenía los ojos blancos como el hueso. Me dio la impresión de estar enfermo. ¿Tal vez esa plaga espectral que había vuelto rabiosa a toda la fauna local?
Pero no me pareció que fuera eso. Estaba demasiado sedado. Le di un poco de agua de la que llevaba encima y algo de fruta, pero no le hizo demasiado efecto. Casi parecía querer darme un mordisco a mí. Aunque no sentí ningún tipo de amenaza, tampoco. Ese apetito no parecía algo personal contra mí.
¿Debería contárselo a Alba Vigilante? Yo creo que alguien tendría que cuidar de él. Por ahora, lo he dejado donde todas esas hiedras en flor. Iré a verlo mañana. A lo mejor Brisa Calma me deja quedármelo si la soborno con raciones adicionales.