Fuimos ocho los que nos pusimos en camino para acabar con ese extractor. Ocho de nuestros mejores. Partimos al caer el crepúsculo, o lo que pasa como tal en este lugar. Tratamos de ser discretos, desplazándonos por las sombras y siguiendo todos nuestros protocolos para permanecer protegidos. Quiero que quede constancia de que todos los soldados llevaron a cabo su deber de manera admirable.
No sé cuándo nos vieron, pero atacaron al doblar el saliente del precipicio. Maja, Genn y Baiko cayeron rodando al abismo, sus gritos engullidos por el vacío. Para cuando pude abrir el portal, Allene estaba descuartizada y Arni empalado por una de sus garras. No olvidaré su mirada en lo que me queda de vida.
Ocho soldados marcharon aquella noche. Regresamos tres. El extractor sigue en pie.