Valiente:
Espero que, cuando recibas esta carta, estés disfrutando de esa brisa veraniega que te transporta a días más cálidos por un sendero iluminado por una luz radiante. Soy el primogénito Dagonet. ¿Te acuerdas de mí, quizá?
He estado ayudando a la Madre Pálida a liderar a nuestro pueblo. Aún sigue en proceso de curación. Ha sido eterno, pero me alegro de poder decir que ha recuperado el rubor de sus mejillas. Todavía está muy débil y cansada, pero las frecuentes visitas de neonatos le suben el ánimo. El futuro de sus niños siempre ha sido su principal prioridad.
Por eso te escribo yo hoy, por esa promesa del mañana optimista, aunque en ocasiones ingenua. A pesar de los fríos días que hemos afrontado a lo largo de esta década, algo ha ocurrido. Algo no es como siempre y, pese a resultar un movimiento curioso, espero que sea por el bien de nuestro mundo. Los líderes han empezado a hablar en condiciones de igualdad sobre lo que nos asola y apena, nuestros puntos fuertes e incluso nuestras necesidades. Personalmente, atribuyo este súbito curso de acción a los demonios y los estragos causados en nuestras tierras.
La Alianza Tyriana celebrará en breve su primera cumbre. Reunámonos para trazar un plan.
—Dagonet