En cuanto me recuperé de la batalla con Cerus en Nayos, la conocida voz de Peitha resonaba en mi cabeza, urgiéndome a volver a la torre del brujo. Cuando llegué, los encontré a ella y a Isgarren hablando de un reciente pico de actividad kryptis. Era el momento de unirme a esa batalla. Isgarren expresó ciertas reservas sobre que el Resguardo Astral se adentrara en el corazón de Nayos, pero Peitha propuso que un pequeño contingente sería preferible para aclimatar a los kryptis a nuestra presencia. Aún no tengo muy claro los objetivos de Peitha, pero acabar con Eparch parece una causa suficientemente digna.
Mientras Peitha e Isgarren se encargaban de los últimos preparativos, Frode me apartó para darme la oportunidad de reconectar con una vieja amiga. Zojja, cuyo estatus ya era a todos los efectos el de un brujo, había perdido la mayor parte de su memoria, tal y como se esperaba. Apenas... fue capaz de reconocerme. Saber que había aceptado ese sacrificio voluntariamente tampoco le facilitaba las cosas. Apenas habíamos retomado el contacto después de tanto tiempo sin vernos, y poco tiempo después la había vuelto a perder. Ahora apenas soy poco más que una de las muchas personas que conoce. Pero es lo que ella quería y se impone respetar su elección.
Para bien o para mal, no tenía mucho tiempo para lamentar la amistad perdida, porque Isgarren se preparaba para abrir un portal; había surgido una fisura en el patio, que escupía kryptis a la torre del brujo. Incapaces de sellarla desde el exterior con el Corazón de lo Oscuro, no nos quedaba otra opción que atravesarla e intentar sellarla desde su origen, dentro de Nayos.
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