Knut me escribe con nefastas noticias del norte, y las últimas llegadas que hemos recibido solo presagian miseria para lo que pueda estar aconteciendo en Saldistead. Hay miedo en sus ojos, pero nadie quiere hablar de lo ocurrido. Apenas hablan. Niños sin padres. Lobos asustados y temblorosos. A Ragna le pesa demasiado la gran e inescrutable tristeza que siente para levantarse y hablar con ellos, y temo que, como antigua sacerdotisa del Lobo, tal vez sea la única capaz. Por ahora, reposan junto a nuestro fuego y comen nuestra comida. Knut mandará raciones cuando pueda, pero todos estamos incómodos. Mi esposa es muy infeliz.
Sejm asegura que la Sierpe nos urge a avanzar hacia el norte, aunque yo no he oído su llamada. No he oído a la Sierpe desde que la nieve era lo suficientemente profunda como para cubrir mis botas. En cuanto los refugiados se hayan asentado, supongo que partiremos y que será antes de la primavera, después de todo. Tengo miedo de lo que podamos encontrarnos.