Lo seguimos hasta lo más alto de Amnytas, la cima de la aguja del mundo. Todos se mantenían firmes, dispuestos a defender su hogar. Con ganas de mantener Tyria a salvo. El grupo se desplegó para combatir a los kryptis, mientras Zojja y yo, a petición de Dagda, manteníamos a Isgarren ocupado para que ella, junto a Lyhr, pudiera intentar expulsar a Cerus de su mente.
Iban asomando atisbos del verdadero Isgarren según luchábamos, pero esos momentos de moralidad quedaban sofocados cuando Cerus apretó su yugo. Una oleada de energía sobrecogió al grupo, dejando inconscientes a la mayoría de nuestros aliados. Solo quedamos en pie Dagda, Lyhr y yo.
Nos aproximamos lentamente a él, pero, antes de que pudiéramos asestar el golpe final, Cerus cambió su plan de ataque y abrió una fisura justo delante de nosotros. Isgarren y yo no pudimos evitar caer a su interior.