Sin dudar ni un instante, mis nuevos "amigos" del Resguardo Astral me pusieron manos a la obra en esta extraña guerra milenaria contra los kryptis. Aún me estoy ajustando a la revelación de esta información (justo cuando estoy intentando combatir las ganas de llamar a una flota de aeronaves y resolver ya toda esta odisea). Pero... elijo confiar en el Resguardo Astral. Por ahora, al menos. Tengo muchas caras nuevas que aprenderme, y Zojja parece muy tensa en mi presencia. No hemos hablado desde que fue herida en Maguuma; no sabía que había abandonado los confines de Rata Sum desde que volvió para curarse, pero supongo que tocará mantener una conversación intensa. Además, supongo que complicaría las cosas si Logan decidiera alzar el vuelo con un puñado de efectivos del Pacto o de los Serafines.
Todo el mundo estaba ocupado localizando a Dagda e Isgarren, los otros dos "brujos" desaparecidos. El último de ellos, además, es líder de esta organización. Total, que me reuní con Frode en uno de los puestos avanzados del Resguardo Astral para ver cómo podía ayudar. Me informó de una de sus divisiones más implicadas: los Cazadores de Fisuras. Liderada por un tipo llamado Rian, tienen la misión de encontrar y abrir fisuras de los kryptis para desafiar a los demonios que se escondan en su interior, mientras que el resto del Resguardo Astral intenta dar con sus desaparecidos. Rian me enseñó a usar el Corazón de lo Oscuro, el dispositivo que Zojja me dio en la batalla anterior y que usamos para cerrar fisuras en la Baliza de las Eras. Al parecer, lo fabricó una bruja kodan llamada Tristeza Latente, que, desde entonces, ha abandonado el Resguardo Astral (por lo que dicen, en términos precarios). Siempre que canalizo el poder del dispositivo, extrañas oleadas de emociones parecen guiarme a avanzar. Aunque no puedo describir por qué, ya siento una fuerte conexión con él.
Frode también me presentó a una de sus soldados de confianza, una estridente asura llamada Uenno que colaboró en mi entrenamiento. Me mandó a una de las tiendas médicas del Resguardo Astral, donde me pusieron a prueba para ver si pesaba sobre mí algún tipo de posesión (pasar tiempo en Nayos parece ser motivo de sospecha y, a decir verdad, con toda la razón). Esa... voz en mi cabeza me urgía a mantener el pico cerrado y, dado que me ayudó a escapar de Cerus, le hice caso. Sea quien sea Peitha, no sé cuáles serán sus motivaciones, pero desconozco el Resguardo Astral tanto como ella. Mientras no me haga arrancarme los ojos o hablar en lenguas extrañas, la mantendré bajo mi protección, por peligrosa que pueda resultar. Después de todo, no ha hecho nada para hacerme daño hasta ahora (lo que hace que me pique aún más la curiosidad acerca de sus motivaciones). Tengo la mente un poco quemada después de todo lo que he soportado a lo largo de los años. Y, si quiero jugar la baza correcta, a lo mejor puedo reunir más información sobre Cerus y los kryptis.
Tras sintonizar mi dispositivo de comunicación con las fluctuaciones externas del Resguardo Astral (alejándome aún más de la posibilidad de contactar con mis aliados en casa), ayudé a Rian a reprimir a algunos de los kryptis y a sellar fisuras antes de que Zojja y Mabon me llamaran de vuelta al campamento: Dagda ha aparecido, y la cosa no pinta nada bien. Me dirijo a reunirme con mis nuevos aliados en las islas fracturadas y en expansión del archipiélago para dar con ella.
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