Los otros siguen negándose a ver lo que tienen delante de sus narices: esas ciudades que vemos flotando están ahí por un motivo. ¡Necesitamos aliados contra los traidores y ahora se nos han concedido (por cientos) y sin tener que movernos de nuestro hogar! Pero no, ellos prefieren acobardarse y esperar a que todo acabe.
¡Pues bien, yo no! Pienso reclutar a todos los enanos en su sano juicio que encuentre y vamos a dar con el modo de llegar a esas islas. Y, cuando volvamos, tendremos un ejército lo suficientemente grande como para reducir a polvo la Cima de Piedra. El hierro está al rojo vivo y es el momento de golpear.