*El diario de Narcisse se abrió en una entrada sin terminar. La tinta está corrida; debe de ser reciente.*
Por las estrellas y la luna y las aguas a sus pies, mi corazón se hunde. Tenemos formas de restaurar la salud y el bienestar tras la influencia de los kryptis, pero no puedo evitar pensar en la llamada de Mordremoth... Yo y los pocos sylvari que ya nos habíamos unido al Resguardo Astral tras su alzamiento estábamos protegidos de la llamada de Mordremoth, escondidos al amparo de la torre y del abrazo de Amnytas. Siempre he tenido un agudo sentimiento de culpa por ello, sabiendo que mi gente se retorcía en agonía más abajo. Esos sentimientos están empezando a aflorar de nuevo ahora que la principal táctica de ataque de nuestro enemigo es corromper la mente. Tenemos a muchos sylvari que han acudido al Resguardo tras lo acontecido en Maguuma, en busca de justicia y orientación, pero... aquellos afectados por Mordremoth parecen ser mucho más vulnerables a la posesión de los kryptis.
Tengo una paciente, Waiola, que ya ha sobrevivido a la llamada de Mordremoth con anterioridad, pero ahora... cree que vuelve a oírlo de nuevo. Grita y patalea mientas yace despierta y llora si intento inducirle el sueño. No hay estado de conciencia que le suponga un respiro. Me dirijo a Amnytas; sospecho que si puedo dar con
*La entrada del diario acaba así, como si Narcisse tuviera que haberlo dejado precipitadamente.*