1330 d. É.
Lázaro ha muerto. Una pequeña ola movió el Velo cuando ocurrió. Cobré una clara consciencia de mi ser y, a la vez, me sobrecogió una firme sensación de que se me había olvidado hacer algo. Nada que alterase el tiempo ni el destino, sino algo que resultaría desalentador, de haber recordado la tarea. Me agitó suavemente, recordándome lo que había dejado atrás (o amenazándome ligeramente con ello). Antes de que pudiera cuestionarlo, Lady Livia nos dio la noticia.
Miles de años de vigilarnos mueren así, y soy el único mursaat de Tyria. El agujero de mi estómago apenas da cabida al remordimiento. Esa parte de mí murió hace mucho mucho tiempo, cuando quienes habitábamos la torre éramos yo, Isgarren y sus ideas. Para mí, Lázaro era el último.
Sentí el Ojo una última vez, en esos momentos de incertidumbre antes de que se evaporase de la realidad para seguir al "último mursaat". Nunca tuvo éxito en su intento de dar conmigo, aunque, de cuando en cuando, poco le faltó. Si mi ascenso me neutralizó el aura o el suave zumbido de la aguja me escudaba de su vista, nunca lo sabré. Aunque ahora ya tampoco me hace falta.
Me pregunto si alguien lo sabe, en realidad...