Tras ponerme al día con Gorrik, Taimi y Yao, me aventuré a cruzar Tyria para repasar algunos momentos cruciales de mi pasado. Aunque fue difícil revivirlos, conseguí controlar su potencia emocional para cargar nuestro nuevo invento, el rememorador. Esperemos que sea suficiente para mantener a raya a los oni que acechan en la mina de la hermandad y para atraer al trotamundos a la superficie.
Aunque revivir mis recuerdos fue agotador psicológicamente, la experiencia me dejó una sensación de calma que no había experimentado en años. Plantar cara a mi pasado me ha descargado de parte de la culpa y la pena que me han acompañado este tiempo. Sé que no hay cura mágica para lo que estoy experimentando, pero, poniéndome cara a cara con las realidades de mi pasado, he logrado en cierta medida cerrar heridas. Además, contar con aliados en esta lucha —aunque no sea el mismo tipo de ayuda a la que acostumbro en combate— hace que el proceso resulte menos solitario. Su calidez me ha brindado una nueva perspectiva muy necesaria. Cada uno de ellos ha afrontado dificultades y ha dado con su modo particular de superarlas. Eso me inspira un gran respeto por ellos y esperanza para mí.