Uenno... Ella... Vale, Zojja, retrocedamos.
Uenno y yo decidimos quedarnos en la ciudadela unas noches tras haber hecho limpieza en los Picosescalofriantes del Sur. Al parecer, Rytlock está con los otros en Amnoon, así que nuestros caminos no se van a cruzar. Uenno me dijo que debía verse con otra "amistad", cosa que empezaba a sonar sospechosa... Así que la seguí. Quizá fuera invadir su privacidad, pero... aún no sé qué opinar de lo ocurrido.
Se encontraron justo a la entrada de Paraje del Humo. De lejos parecía humano, pero de pronto sentí un pinchazo detrás de mi oreja izquierda y dolor en el estómago. Fuera cual fuera el hechizo que usaba para ocultar su identidad, era potente. Un brevísimo destello de luz y... un mursaat. Un mursaat vivo. Un ingeniero del Pacto me contó en Arco del León lo que pasó con Lázaro, pero... ¿aquí? Iba a atacar cuando me descubrió. Intenté correr, pero las piernas dejaron de responderme.
Uenno me dijo que me calmara y empezó a soltar una perorata sobre seguridad personal (no sé si era para mí o para ella). El mursaat flotaba cerca y observaba. ¿Estaba nervioso...? Puso suavemente una mano sobre un hombro de Uenno y la apartó a un lado. Se arrodilló junto a mí y murmuró algo que no entendí —no sonaba a ninguna lengua nativa que yo conozca—. Pero pude volver a sentir las piernas. Tenía el arma fuera de mi alcance, pero su voz era... amable. Me dijo su nombre y garantizó mi seguridad. Ya sabía quién era yo y parecía sentirse honrado de haberme conocido en persona.