Eran los primeros meses de la Devastación. La duquesa Adelaide Barradin había recibido una citación privada del príncipe Rurik y se le encomendó encabezar una misión diplomática a Kryta. Tras haber ejercido recientemente como diplomática tanto para Kryta como para Orr al término de la Tercera Guerra de los Clanes, tenía el respeto de la Corte Real krytense. Por su propia cuenta, la duquesa eligió cuidadosamente un destacamento reducido pero selecto formado por sus propios estudiantes y contemporáneos, muchos de los cuales agradecieron un respiro del frente, mientras que otros se sintieron preocupados por los camaradas a los que dejaban atrás. Este grupo de hipnotizadores tenía que entregar correspondencia e información táctica crucial al rey Jadon de Kryta en nombre del príncipe. En sus últimos diarios, la duquesa señalaría este momento como la última vez que hablaría con su hija y su marido.