Lychnis estaba furiosa por la ignorancia del rey. ¿Cómo pudo este abandonar a tantos de los suyos ante una amenaza así? Lychnis supo entonces que tendría que encargarse ella misma, y sin perder tiempo.
La benévola bruja regresó a la pequeña aldea para conseguir apoyos, pero nadie le hizo caso. Estaban satisfechos con sus bailes y disfrutando del aroma de pan y pasteles. Eran felices en su ignorancia. Eran felices siendo inconscientes. Felices del todo.
Ella, en cambio, no lo era.