Gigarg tiene a nuestros hermanos y hermanas correteando como pollos sin cabeza, forjándole enormes placas de hierro y acero de Deldrimor para su armadura.
Se lleva mejor de lo esperado con la Legión de la Llama, y ya nos mira por encima del hombro como si solo fuéramos cosas a las que dar órdenes. ¿Ha olvidado quiénes somos? ¿Lo mucho que hemos sufrido? ¿O acaso su corazón late con una nueva ansia de poder sobre los demás? Mientras él y Vostya prosperan, muchos de nosotros tenemos que arreglar los desaguisados que provocan sus experimentos fallidos.