He decidido abandonar mi diario. Tal vez alguien lo encuentre en años venideros y descubra que aquí vivió una vez una familia. Una simple familia corriente. Dos hermanas y unos padres que las querían más que a nada en el mundo. Cómo se esforzaron en protegernos de la terrible verdad que cada día se iba acercando lentamente. Pero siempre lo supimos, aunque fingíamos lo contrario. Y nos partía el corazón oírlos llorar juntos en silencio tantas noches hasta tarde, convencidos de que estábamos bien dormidas. Pero qué iban a hacer unas criaturas, sino estar en el rellano de la escalera, chafardeando sus conversaciones.
Que los dioses nos protejan mañana en nuestro viaje al norte, y no permitan que nos separemos. Nunca.
—Annika