Al llegar al Mar de Jade, nos encontramos en plena zona de guerra. Caithe no nos había pintado las cosas peor de lo que eran. Nuestras tropas estaban muy dispersas y sumidas en una creciente frustración, ya que, cada vez que alguien conseguía abatir a una bestia del Vacío, otra se formaba en su lugar.
Pero, tras arduos combates, conseguimos instalar los extractores y reunirnos en el Templo de la Cosecha. El panorama pinta mal, pero la derrota pinta aún peor: hoy, o es el fin del ciclo de los dragones, o es el nuestro.