_Capítulo 20_
—¿Algún problema, bestia? —dijo Olaf sacando pecho con intención de intimidar al kodan; aunque, para su consternación, tan solo consiguió enervar aún más a Martillo Creciente. Se produjo un momento de silencio entre los dos guerreros canosos y la garra del kodan siguió apoyada sobre el abundante vello rizado del pecho del norn.
—Acabo de darme cuenta —dijo Martillo Creciente, rompiendo el silencio con un leve gruñido— de que tu pelaje... es más suave que el mío.
A Olaf le dio un vuelco el corazón. Tras tantos rifirrafes, tantos encontronazos de sus fuertes caracteres, había llegado a creer que Martillo Creciente era un obstáculo que superar. Pero, en realidad, siempre había sido su meta.
De alguna forma, aquel kodan se había abierto paso a zarpazos hasta el corazón de Olaf. Y, ahora, no osaban estar separados.